El hombre que
Creo que quien mata a otra persona no se para a pensar en lo que está haciendo. Creo también que quien mata a más de cien ni siquiera piensa. Porque no sabe hacerlo o porque no sabe qué es la muerte. Un amigo me suele decir que después del negro llega el blanco, todo tiene una marcha atrás y cuando menos te lo esperas las cosas se arreglan. Pero la muerte no tiene revancha, ni partido de vuelta, ni revisión de examen ni perdóname no fue mi intención. Al que se va se le queda parado el reloj de la vida. No volverá a ponerse rojo soplando las velas de un cumpleaños, ni volverá a sentir la caricia de una hija, ni volverá a gritar como un idiota los goles de un equipo junto a algún amigo del alma. No volverá a ver el tren que le lleva todas las mañanas al trabajo, porque ya no existen ni el tren ni él. A su lado queda un niño que no llegará a la mayoría de edad, ni a sus propias canas frente al espejo de los días; no verá a sus amigos caer borrachos en una tarde clara del final del verano, no querrá con vicio a todas las mujeres que iban a pasar por su cama, que no pasará de cuna ya, no verá el mar, no montará a caballo ni cruzará los pasos de cebra de la mano de su madre, riéndose tratando de saltar de una a otra de las líneas blancas, detrás de la cual siempre hay un trozo de asfalto negro. No lo hará porque ya no hay niño. Quizá ni siquiera madre. Detrás queda todo lo que iba a pasar (“quién escribirá la historia/de lo que pudo haber sido”). Esta mañana llevaban un regalo para ti, escondido bajo el abrigo, habíais quedado para comer después de su trabajo, mientras hacías pellas de tu último curso de Química. Esta mañana le llevabas a tu padre un pastel de merengue, recién hecho, para que hicierais las paces dulcemente, como los días en que le abrazabas cuando llegaba a casa. Esta mañana llevabas tu pasaporte en la mano, por primera vez, una foto de tu hermana guardada en la cartera y el dinero para el avión. No habrá más aeropuertos. Ahora mismo me parece que nos hemos convertido en un dantesco blanco, y después todo ha sido negro. Negro y después negro. Es lo único que hay detrás de la muerte. Y el negro no sirve para nada.Etiquetas: robado

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